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MIRANDO
A... ALEMANIA
¿Cómo
abarcar en un par de sesiones la enorme y poliédrica
realidad y densidad del teatro infantil moderno
alemán, con 35 años
de experiencias, cientos de compañías
y teatros y unas posibilidades económicas
docenas de veces más elevadas que las que
se manejan en España? Hay que aclarar lo de ”
teatro infantil moderno” ya que los orígenes
del teatro infantil alemán se remontan a la
Alemania Oriental de 1.945. Los números abruman.
Veinte editoriales apoyan los textos del centenar
de escritores especializados en menores. Alemania
puede presumir de haber reunido en la larga historia
de su teatro para niños y jóvenes más
de 2.500 obras.
Cada
año se ponen en escena
700 nuevos montajes, en un sector que da trabajo
a cerca de 5.000 personas.
En España, probablemente, ni con la suma
de toda la gran familia teatral se pueden manejar
estas
cifras. En definitiva, un teatro que «se
mide por el mismo rasero que el resto, en el que
se gasta
dinero y se le exigen resultados», como aclararía
después de forma muy gráfica el director
de Programas Culturales del Instituto Goethe, Wolfger
Pöhlmann. Por eso, estos dos días de
encuentro dieron para apreciar el abismo que nos
separa. Casi se abrieron más interrogantes
que respuestas. Al menos, también valieron
a los representantes de compañías
españoles
que intercambiaron experiencias con las germanas
para constatar que algunos postulados que mueven
al sector no suenan extraños, por no decir
que no dejan de ser escenarios comunes de la escena
teatral internacional.
En
resumen, los VII Encuentros Te Veo trataron de
quitar algunas sombras a otro
espacio del mapa
teatral
desconocido. Las luces sobre la realidad de Alemania
se sumaron así a las de países
analizados en años anteriores: Reino Unido,
Francia, Bélgica e Italia. La presencia
además
de tres espectáculos teutones permitieron
ver cómo se traducen esos postulados sobre
el escenario. La Alemania institucional Este
'Mirando a Alemania' se estructuró en
dos jornadas muy diferentes.
La
primera estuvo marcada por los puntos de vista
de responsables institucionales del teatro
y la cultura tanto alemana como española.
En la segunda, más emotiva, dos compañías
como la histórica Grips Theater de Berlín
y el Theaterhuas de Frankfurt, explicaron los
procesos creativos que dan lugar a trabajos
tan impactantes
como “El gran cuaderno”, que ofreció el
Theaterhaus el viernes 27 de mayo. Abrió el
fuego Wolfger Pöhlmann, responsable de
la selección
de las tres obras de compañías
alemanas que se pudieron ver en esta edición
de Te Veo.
Como
director de Programación
Cultural en el Goethe (el “Instituto
Cervantes” alemán)
se ha lanzado en los últimos años
a la promoción de su idioma a través
del teatro, aunque Pöhlmann admite «la
dificultad de promocionar el teatro si no
se comprende el idioma». Wolfger, que
hizo un somero repaso por una realidad que
viene
de muy atrás, (y
que después amplificó su compañero
de mesa Henning Fangauf) advirtió de
entrada que «en España no hay
la densidad alemana, aunque ahora con la
crisis, los teatros tienen que
justificar las inversiones teatrales y sus
resultados».
Frente al 'crescendo' español, que
parte de muchas carencias, el responsable
del Goethe
avisó de
la caída en picado del apoyo oficial
en su país.
El
turno fue después
para Henning Fangauf, responsable de Cooperación
Internacional de la Asociación de
Teatro Infantil y Juvenil de Alemania (ASSITEJ),
una institución que
presume de reunir, en sus 150 teatros y compañías
profesionales el 'quien es quien' de la escena
del país. Apenas nada que ocurra
sobre la materia deja de pasar por esta
organización,
que negocia directamente las ayudas con los
'lander' estatales
(Alemania es el país más descentralizado
de Europa) y los ayuntamientos. Fangauf comenzó recordando
el larguísimo camino que ha recorrido
el teatro germano hasta llegar a lo que es
hoy. Desde la post-guerra
mundial, las dos Alemanias (en especial la
del Este) mantuvieron una actividad teatral
de grupos, tanto
públicos como independientes, que
permitieron la eclosión de finales
de los años
60, coincidiendo con el estallido social
de mayo del 68. «Esta 'explosión'
se fraguó en
un ambiente que pensaba en crear un ciudadano
consciente y educado para la realidad que
llegaba, lo que dio
lugar a un
teatro bipolar: político y estético
a la vez», explicó en los
preámbulos
Henning Fangauf. Apoyado por un vídeo
histórico
con opiniones de los creadores de este
movimiento, Henning recordó los
orígenes de este
teatro marcado por su carácter «realista,
contemporáneo y emancipativo».
Unos objetivos ambiciosos pero efectivos
gracias a textos bien preparados,
con colaboraciones de muchos frentes (incluido
un pedagogo y un dramaturgo propios de
cada compañía),
ensayos muy largos y cuidados que justifican
y demandan repertorios de larga duración.
Unos
objetivos que han ayudado a crear otras estructuras
como los cursos sobre
Teatro,
Educación, Dramaturgia,
Redacción de Obras Teatrales y
Ciencias Teatrales que ofrecen varias
universidades.
Los diez mandamientos.
Fiel a la cualidad tan germánica
de 'sistematizarlo' todo, el representante
de ASSITEJ Alemania lanzó a
los presentes el decálogo que
ha permitido legitimarse al teatro para
niños
y jóvenes
de su país:
- El
teatro infantil y juvenil debe ser tan bueno
como el
de adultos, solo
que
mejor.
- El
teatro infantil y juvenil hace sus funciones
para un público de
hoy, no de mañana.
- El
teatro infantil y juvenil debe ser arte para
los niños.
- El
teatro infantil y juvenil debe tomar en serio
a su público.
- El
teatro infantil y juvenil no debe ser demasiado
simple,
sino más exigente
de lo que parece.
- En
el teatro infantil y juvenil
se puede contar
todo.
- El
teatro infantil y juvenil no debe ser
la séptima
hora de clase (en referencia
a las actividades extra
escolares en Alemania).
- El
teatro infantil y
juvenil debe hacer
preguntas
y no
dar respuestas.
- El
teatro infantil y juvenil debe buscar
el niño
que llevamos dentro.
- El
teatro infantil
y juvenil
necesita
más
apoyo. ¿Es
posible la cuarta
pared en el teatro
para niños? ¿Necesita
el teatro un final feliz?...
Como
observaron al finalizar la jornada
todos los participantes españoles,
el decálogo
de ASSITEJ Alemania puede considerarse
universal. ¿Quién
no lo suscribiría?. Otra cosa
son los caminos para cumplir con
la mayor cantidad de puntos posibles.
En esta línea, Henning Fangauf
pidió un
esfuerzo para reclamar las máximas
ayudas al teatro para niños «siempre
que esas subvenciones no lo conviertan
en un 'teatro Disneylandia
o Mc'Donalizado'. También
invitó a
evitar los finales fáciles,
los finales felices. «Lo
que los niños necesitan es
un final en el que puedan llegar
al 'interruptor y encender su luz'»,
dijo muy metafóricamente.
Algo que lograrán
si se identifican con algo: un tema,
unos personajes. Este representante
del teatro teutón finalizó reclamando
los indisolubles lazos entre el teatro
y el sistema educativo. A lo que
también puede contribuir
un clima amable con los niños,
del que debe participar toda la sociedad:
periodistas, escuelas
de arte, padres... «Los países
que tienen una cultura adecuada a
los niños tienen un
buen teatro infantil», concluyó Henning
Fangauf.
Las
'modestas' similitudes españolas ¿Pueden
encontrarse similitudes entre el
teatro de un país
como España que da, en su
conjunto, diez veces menos ayudas
globales que las que recibe un
solo teatro como el Carrusel de
Berlín?
Pues sí,
o al menos eso intentó el
subdirector general del Instituto
Nacional de las Artes Escénicas
y la Música (INAEM), Fernando
Cerón,
que cerró la primera sesión. «Estamos
en la misma línea y defendemos
el mismo decálogo
a la hora de promocionar y apoyar
proyectos teatrales»,
arrancó Cerón, que
insistió en
otra similitud: Alemania y sus
'lander' y España
y sus autonomías, son los
países más
descentralizados de Europa. Otro
cantar son las cifras en que se
sustancia este marco de referencia.
Apoyado
en cuadros y gráficos, Fernando
Cerón
explicó que las ayudas se
han duplicado desde 1999, cuando
el INAEM subvencionó con
391.000 euros a 29 proyectos, hasta
el 2004,
año en
el que 57 espectáculos recibieron
884.000 euros. Las caras de los
representantes germanos lo
decían todo. «¿Esto
es en euros»?,
pidió aclaraciones Wolfger
Pöhlmann.
Junto a él, Fangauf se estaba
acordando de que, solo el Teatro
Carrusel de la capital federal,
recibe 4 millones de euros. «Y
aún así,
los grupos independientes están
al límite
de la supervivencia», aseguró.
No es de extrañar que a
la representación
del país centroeuropeo le
sorprendiera en esta jornada de
trabajo que las compañías
españolas sean capaces de
levantar un proyecto con sus propios
medios y después busquen
ayuda oficial. «Es un camino
problemático»,
concluyó Wolfger Pöhlmann.
Antes de marcharse, el responsable
de Cooperación Internacional
de la Asociación de Teatro
Infantil y Juvenil de Alemania
(ASSITEJ) se lanzó a valorar
las obras españolas que
había
visto durante su permanencia en
Te Veo. «Se parece a Alemania
-¿otra presunta similitud
más?-. No
he visto espectáculos pobres,
y los actores demuestran una gran
vitalidad, pero son maduros ¿Dónde
esta la continuidad generacional?»,
se despidió Fangauf.
ALGUNOS
DATOS DE ASSITEJ ALEMANIA
- 130
compañías profesionales, 60
con teatro propio, 70 itinerantes.
- Cinco
millones de espectadores anuales y 700 estrenos
cada año.
- 4.500
profesionales (actores, escritores, diseñadores,
directores y demás
artistas).
- El
Centro Nacional de Teatro
para Niños
y Jóvenes de
Alemania tiene relaciones
con 70 países.
ACONTECIMIENTOS:
-
FESTIVAL DE TEATRO PARA NIÑOS Y JÓVENES
EN BERLIN (OCTAVA EDICIÓN
ESTE AÑO,
CELEBRADA DEL 27 DE
ABRIL AL 4 DE MAYO)
- CONTACTOS:
Acceso a ASSITEJ
Alemania, con más
de 2.500 obras, publicaciones,
actividades, festivales
y encuentros en la
página web:
www.kjtz.de - e-mail: zentrum@kjtz.deExperiencias
“A
PIE DE ESCENARIO”
Dos
de las tres compañías
alemanas que exhibieron sus espectáculos
en Zamora se sentaron con sus compañeros
españoles
para intercambiar experiencias
y formas de enfrentarse a los escenarios y a
la supervivencia profesional.
Todavía
con el alma encogida por la impactante y descarnada
puesta en escena del Theaterhaus ('El
gran cuaderno'),
sus actores Günther Henne y
Uta Nawrath y su
productora, Susanne Freiling, se sumaron al trío
de integrantes del Grips Theater de Berlin (al
día
siguiente ponían
en escena 'Lena en
el desierto') formado por los actores Regine
Seidler y Kenneth Phillips y su técnico
Jerry Geiger. En
medio, y como nexo de unión
hispano-alemán,
la experiencia del
director argentino
Marcelo Díaz,
que suma más
de 20 años
de experiencia en
el teatro
germano-suizo (16
en Munich y 7 en
Zurich).
Abrió el
fuego, para hablar
de ese cuarto de
siglo de experiencias
de un latino en
Alemania. Marcelo Díaz,
que situó el
marco de lo que
son proyectos públicos
o privados:A-Públicos:
Díaz remarcó las
ideas ya expresadas
el día anterior
por los representantes
alemanes y destacó la
fuerte presencia
del teatro público
gracias al apoyo
de las instituciones
(ya sea el Estado,
el lander -regiones-
o los ayuntamientos).
Marcelo recordó que
una ciudad comoTubinga
(con una población
similar a Zamora,
sede de los Encuentros
Te Veo) maneja
3,5 millones de
euros o un lander
como Baden-Württemberg
(su capital Mannheim
tiene el tamaño
de Valladolid,
capital de Castilla
y León)
no baja de los
60 millones de
euros
anuales. B-Privados:
A pesar
de su apuesta empresarial,
cuentan con un
fuerte apoyo del
Estado
para producir espectáculos
e incluso ayudas
específicas
para los que amplíen
su elenco e incluyan
una sección
para niños.
Por eso, se trata
de un teatro que «al
estar muy subvencionado
se puede permitir
riesgos y jugar
con la producción»,
explicó.
En
el apartado negativo,
Marcelo
Díaz destacó que
las relaciones
con los políticos «son
difíciles,
terribles y fuertes,
aunque hay un
respeto mutuo».
Esta compleja
relación
se ha recrudecido
en los últimos
años
debido al cuestionamiento
del 'Estado Social'
alemán
y el recorte
de sus ayudas.
Esta
evolución,
ya apuntada en
la primera sesión
de 'Mirando a
Alemania' «está poniendo
en peligro la
continuidad de
teatros y subvenciones
en el país»,
advirtió el
director argentino.
Entre las formas
de trabajo que
apuntó Díaz
y después
ayudaron a completar
las compañías
invitadas, llamó la
atención
la figura de
los pedagogos
teatrales.
Cada compañía
cuenta con un
experto que hace
las funciones
de enlace y orientación
con los colegios
y los planteamientos
que la comunidad
escolar espera
de cada compañía
teatral. Tiempos
de emancipación.
A pesar de su
juventud, Susanne
Freiling,
es la productora
y distribuidora
del Theaterhaus
de Frankfurt
(lander de Hesse).
Esta
compañía
independiente
es una institución
en su ciudad.
Por eso, en su
arranque
hizo un pequeño
resumen del camino
recorrido para
llegar a la realidad
teatral
actual.
Como
hiciera Henning Fangauf,
se remontó a
aquellos convulsivos
años
70, «tiempo
de emancipación
del teatro
independiente
del estatal».
Treinta años
después,
la unión
de pequeños
grupos con
orígenes
y expectativas
diversas pero
el sueño
común
de la supervivencia,
ha permitido
que las compañías
privadas ocupen
la mitad del
espectro teatral
de la República
Federal para
niños
y jóvenes.
Así,
en el Theaterhaus,
una entidad
con
teatro propio
(lo que es
muy habitual
en el
país),
cohabita tres
entidades profesionales
(una de mimo,
una infantil
y otra juvenil). «Además
colaboramos
con otros grupos
independientes
para que estrenen
sus trabajos
en nuestra
sala,
ya que
no tienen dónde
hacerlo»,
explicó Sussane.
Su sede, con
apenas 90 butacas,
se ha quedado
pequeña
y, aunque sueñan
con conseguir
un espacio
nuevo, «no
querríamos
superar un
aforo de 300
espectadores»,
plantea Sussane
Freiling.Su
aventura, comenzó dos
años
después
de la reunificación
alemana (1989),
en la que mucha
gente miró al
Este para ver
la poderosa
'musculatura'
de un teatro
público
que servía
como otra forma
de hacer política.
Después
de tres años
de asentamiento,
comenzaron
a hacer programación
a partir de
1994. Pero
la compañía,
tal y como
ahora se conoce,
no
se creó hasta
el año
2000. «Aún
así nacimos
sin saber si
tendríamos
dinero suficiente»,
admitió Freiling.
En
estos cinco años,
han consolidado
una estructura
empresarial
de cinco
personas y han logrado
realizar
14 producciones
para todo
tipo de edades.
Su teatro,
centrado
en «desde
niños
hasta casi
adultos»,
tiene como
objetivo «volver
a contar
los mitos
europeos
con textos
nuevos de
jóvenes
escritores».
Theaterhaus
recibe importantes
ayudas del
Ayuntamiento
de Frankfurt
y del Gobierno
de Hesse.
Pero, a cambio,
las
obligaciones
son duras.
Deben estrenar ¡cuatro
producciones
anuales!. «El
lander nos
da dinero
por cada
nuevo
proyecto,
si no, no
llegaríamos
al final»,
admite Sussane,
que reconoce
que este
ritmo está cerca
de 'ahogar'
a su compañía,
en la que «preferiríamos
que fueran
dos o tres
obras anuales».
Un ejemplo:
el impactante
trabajo que
se pudo ver
en Zamora
('El gran
cuaderno')
necesitó nueve
meses de
trabajo. «Es
el tiempo
para que
las cosas
nazcan y
maduren»,
insistió Freiling.
Su
compañero,
el actor
Günther
Henne,
tercia
en su monólogo
para apuntar
que las
relaciones
entre la
política
y el teatro «tienen
que ver
siempre
con el
dinero.
Cuando éste
se reduce,
todo se
convierte
en un problema
ideológico».Frente
a la vida
de carretera
de las
compañías
españolas,
con 'bolos'
de una
punta a
la otra
para tratar
de mantener
la supervivencia,
la realidad
alemana
se
concentra
más
en sus
regiones
o landers.
Una compañía
como Theaterhaus
realizó 130
representaciones
en el año
2004, de
las que
solo 30fueron
compromisos
fuera de
su Estado
de Hesse.
Un
teatro
siempre
realista.
El
Grips
Theater de
Berlin
es uno
de los
'hermanos
mayores'
de la
escena alemana.
Tiene
un lugar
principal
en su
historia desde hace
35 años
cuando
surgió el
Cabaret
del Reino
(del Reich).
Su realidad,
en frías
cifras,
también
son palabras
mayores:
20 actores,
tres pedagogos
teatrales,
una plantilla
de 60 personas,
dos escenarios
(uno de
100 espectadores,
otro de
400). Frente
a la maquinaria
de estrenos
en que
se han
convertido
otras compañías
para 'llegar'
a las ayudas,
Grips intenta
dejar su
listón
en un estreno
absoluto
al año
y tres
o cuatro
adaptaciones. «También
hay mucha
gente que
lee textos
y propone.
Y nosotros
lo aceptamos
siempre
que hable
a los niños
de lo que
les interesa
y sea realista.
No nos
gusta hablar
de historias
de animalitos.
Nos interesa
sobre todo
el realismo
social
más
que
los cuentos,
los mitos
o la
fantasía»,
ironizó su
actor
Regine
Seidler
(protagonista
de 'Lena
en el
desierto',
la obra
que se
pudo
ver en
TeVeo)
La contundencia
de los
objetivos
de estas
compañías,
su insistencia
en el
teatro
'realista',
que hable
'de lo
que pase
en la
calle',
impactó en
la audiencia
española. «Nosotros
hacemos
teatro
para
niños,
no arte,
el problema
es que
muchos
actores
quieren
hacer
arte»,
apuntilló Kenneth
Phillips,
el otro
actor
de Grips
Theater
que secundó a
Regine
en la
ponencia.
Las
compañías
infantiles
más
respetadas
en
el
país
lo
han
logrado
en
parte
por
su
apuesta
por
un
teatro
de
oposición
a los
planteamientos
almibarados
que
llegaban
desde
otros
frentes. «No
nos
interesan
los
niños
como
consumidores
a los
que
se
dice
qué tienen
que
consumir.
Hay
que
tratar
su
realidad»,
insistieron
una
y otra
vez
los
invitados
de
Theaterhaus
y Grips
Theater.Esta
compañía
berlinesa
se
ve
a sí misma
como
parte
del
'Sector
Servicios'
de
la
ciudad. «Vamos
directamente
a las
escuelas
y les
preguntamos
qué es
lo
que
les
interesa.
Y lo
planteamos
desde
ese
punto
de
vista,
no
el
del
artista.
La
clave
siempre
es
no
aburrir.
Si
esto
ocurre,
cambios
de
obra»,
explicaron
'al
alimón'
Regine
y Kenneth.
Un
objetivo
tan
directo
sólo
es
posible
con
el
papel
'bisagra'
del
pedagogo.
Esta
profesión,
incluida
en
el
organigrama
educativo
de
la
enseñanza
superior,
es
el
comodín
que
permite
a
las
compañías
no
perder
el
hilo
de
la
realidad
escolar. «Hay
siempre
varios
pases
antes
del
estreno.
La
obra
se
va
adaptando
en
función
de
la
respuesta
de
los
niños.
Hasta
el
punto
de
que
se
llega
al
'no
estreno'
si
la
reacción
de
ese
público
es
negativa»,
aseguraron.
Con
una
media
de
40
funciones
al
mes,
la
maquinaria
de
Grips
Theater
está al
límite
de
su
capacidad
y
solo
el
intercambio
de
actores,
que
rotan
en
la
misma
obra,
hace
posible
la
continuidad.
Pero,
aparte
de
los
fondos
públicos ¿cuánto
aportan
los
espectadores
para
soportar
toda
esta
estructura?
Otra
de las
sorpresas fue
que los
precios en
Alemania son
incluso inferiores
a los
españoles.
Ya
advirtió en
la
primera
sesión
Henning
Fangauf
que «una
entrada
de
teatro
no
puede
ser
más
cara
que
la
del
cine».
Por
eso,
los
precios
de
las
entradas
de
teatro
para
jóvenes
en
Alemania
oscilan
entre
los
4
o
5
euros
que
pagan
los
niños,
a
los
8
euros
de
media
que
pagan
sus
padres,
aunque
entidades
como
Theaterhaus
cobran «lo
que
pueden
pedir
a
su
público».
Cifras
que
dan
más
valor
a
las
ayudas
oficiales
en
un
país
que
carece
de
las
campañas
teatrales
que
sí existen
en
España
y
ayudan
a
muchas
compañías
a
salir
adelante.
Los
patrocinadores
privados
(sobre
todo
las
fundaciones)
son
el último
pilar
que
inyecta
algunas
ayudas
para
que
esa
locomotora
humana,
económica
y,
como
se
ha
visto
cultural
(desde
la
más
tierna
infancia),
que
es
Alemania
siga
adelante,
aunque
en
el
futuro
de
su
teatro
se
proyecten
túneles
con
escasa
visibilidad
y
sin
saber
qué se encontrarán a la salida. |