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Artículo realizado sobre las mesas de trabajo “Mirando
al Reino Unido” llevadas a cabo en los Encuentros TE
VEO 2004
"UNA
REALIDAD LEJANA"
Por Lola Lara
Se
necesita más tiempo de ‘mirar’ hacia
el Reino Unido para llegar a conocer en su totalidad
la situación del teatro para público
infantil y juvenil (1) en ese país. Ésa
es sin duda la conclusión más certera
que se extrae de las dos sesiones de los Encuentros
Te Veo, dedicadas a conocer la realidad del país
insular.
Con
el mismo epígrafe de “Mirando
a...” utilizado
en anteriores ediciones, la asociación
de compañías propone en su convocatoria
del 2004 dirigir la vista hacia un país
poco conocido en el nuestro. Si se compara con
Francia,
Bélgica o Italia, países a los
que se dedicaron los encuentros años atrás,
resulta evidente que el desconocimiento de partida
hacia el teatro británico es mayor. Es
fácil
que a casi todos nos suene, al menos, la fórmula
del ‘partenariado’ francés,
la iniciativa de algunas ciudades italianas en
el desarrollo
del teatro para las primeras edades o la larga
trayectoria de festivales belgas como el de Charleroi.
Es fácil
que podamos citar varias compañías
de cada uno de esos países, puesto que
su presencia en festivales españoles es
frecuente. Pero no ocurre así en el caso
del Reino Unido. Ni la presencia de grupos británicos
(en el campo, claro está, del teatro para
la infancia y la juventud) en escenarios españoles
abunda, ni tenemos referentes claros de modelos
de acción
e intervención culturales procedentes
de allí.
En
ese sentido, los VI Encuentros Te Veo intentan
corregir ese desconocimiento, que no está justificado
ni por la lejanía geográfica (es posible
que conozcamos mejor el TPPIJ canadiense o las marionetas
orientales) ni, por supuesto, la barrera idiomática,
teniendo en cuenta que el inglés
se ha convertido, casi, en el esperanto
moderno.
¿
Cuál puede ser la causa, entonces, de tal
lejanía? Posiblemente (en este
punto, es necesario ‘aventurar’ hipótesis),
algunas características del
TPPIJ británico,
que hemos tenido ocasión de
conocer en los propios encuentros,
en boca de Paul Harman, presidente
de la ASSITEJ del Reino Unido y director
del festival Takeoff, en Darlington
y de la veterana compañía
CTC Theatre, que mostró en Zamora
una espléndida
versión de Hamlet, bajo el título
de Young Hamlet, dirigida al público
juvenil.
Harman
compuso un retrato robot del sector en Gran Bretaña,
que inició con la advertencia
de que la falta de estudios e informes
estadísticos
sólo permite (como ocurre
en nuestro país)
hacer una aproximación documentada,
pero no exacta sobre el sector.
En
su exposición destacó unas
cuantas singularidades; la fundamental:
que el teatro va
a los centros y no, al
revés.
El TPPIJ británico
se desarrolla en su mayor parte
en los centros educativos. No sólo
en funciones organizadas PARA centros
educativos (lo que aquí conocemos
como campaña
escolar), sino en los propio centros.
Ese teatro desarrollado en horario
y espacios escolares constituye
el grueso de la actividad. Apenas
si hay oferta de teatro familiar;
prácticamente se limita
al período navideño
y a las poquísimas
sesiones que tienen lugar algunos
sábados
en unos cuantos pequeños
centros de arte locales.
Eso
explica que tan sólo haya en el
país
dos teatros dedicados al sector:
el Polka Theater y el Unicorn Theater,
ambos en Londres. El Little
Angel y el Norwich Puppet son dos
salas dedicadas al teatro de marionetas,
tanto dirigido a niños
como a adultos.
Esa característica, que resulta extraña
a la mayor parte de países
europeos, tiene que ver, según
Harman, con el desarrollo histórico
del sector, que se articuló en
torno al programa TIE, de teatro
en la educación. “Ni
hay teatro”, dice, “fuera
de la actividad escolar ni lo
queremos porque, aunque en la
mayoría
de países se prefiere
que los espectadores salgan del
centro para acudir al teatro
en el Reino
Unido preferimos pensar en cambiar
la escuela desde dentro”.
Cifras
para una radiografía
Más
de cuatro millones de niños
ven cada año las obras
que montan las aproximadamente
200 compañías
profesionales registradas
en el Reino Unido y que presentan
con regularidad
producciones para el público
infantil. De esos dos centenares,
la mitad obtienen ayudas
estatales y sólo 50
reciben subvenciones públicas
con regularidad.
Aunque
señaló que
es difícil
hacer una cuantificación
certera del monto total
de las ayudas, dado que
provienen
de muy diversas
administraciones, Harman
cree que el TPPIJ en su
país
recibe alrededor del 5%
del presupuesto dedicado
al teatro
en general, aunque la petición
de las compañías –de
satisfacerse- alcanzaría
el 20% del total.
Parte
de la dificultad para
conocer con exactitud
el
dinero destinado
a este sector
del teatro
reside en la dispersión
de fondos y organismos
diversos a los que solicitar
ayuda. Como en España,
en Gran Bretaña
no existe una entidad
que registre, informe
y documente
las subvenciones ofertadas
por parte de las administraciones
central, autonómica
y local.
Otra
dificultad se deriva del hecho de
que, en
su opinión,
el Reino Unido no tiene
una única
política teatral,
sino que presenta grandes
diferencias entre Gales,
Escocia, Irlanda del
Norte (Ulster) e Inglaterra.
Como regla general,
sí puede
afirmarse que es más
fácil conseguir
fondos regionales,
mientras que el dinero
de las
delegaciones ministeriales
de las Artes se reserva
sólo para una
cincuentena de compañías.
También
resultan accesibles a los grupos
de teatro, las ayudas
del gobierno para
campañas
institucionales con
fines variopintos:
desde la divulgación
de normas de seguridad
vial a la educación
para la salud. Muchas
formaciones de teatro
se acogen a estos
fondos; la mayoría
de las que empiezan,
desde
luego, ya que resulta
más fácil
conseguir fondos
sociales que culturales.
En
palabras de Harman, “hay
mucho dinero para
los montajes que
fomentan
entre los adolescentes,
el estudio o
la salud, por ejemplo”.
Con
esa política
de ayudas, se propicia
en el Reino Unido
que buena parte
de las personas que
terminan sus estudios
en las escuelas
de arte dramático
inicien sus carreras
profesionales en
el TPPIJ. En definitiva,
un fenómeno
que no resulta
desconocido en
nuestro país:
la utilización
del teatro para
niños
como laboratorio
de ensayos en el
que adquirir la
práctica
necesaria para
acceder al teatro
de adultos.
Preguntado
por
Carlos Laredo,
director
del festival
Teatralia, sobre la
situación
de otros disciplinas
escénicas
como la danza
o el llamado
teatro
físico,
Harmand expuso
que son muy pocos
los artistas
que trabajan
esos lenguajes
y se acercan
al público
infantil. Su
respuesta literal
resulta
ilustrativa: “si
quieres hacer
teatro de danza,
es fácil
conseguir dinero
del Estado; no
necesitas dedicarte
a los niños.
En cuanto al
teatro físico,
pocos artistas
que se dedican
a él quieren
trabajar para
niños”.
Con
esta descripción
panorámica,
la pregunta
estaba servida ¿tiene
el TPPIJ en
su país
la consideración
de ser un teatro
menor? La afirmación
fue rotunda
y la ilustró con
el hecho de
que en contadas
ocasiones
los medios
de comunicación
se interesan
por el sector.
A
juicio de Harman esa
relación
clientelar
del teatro
con la educación
no ha obrado,
por regla
general,
en deterioro
de la creación
artística. “La
mayor parte
de las compañías
que reciben
dinero estatal
están
inmersas
en el sistema
educativo”,dice,
pero no cree
que eso condicione
la creación
(“nos
pagan para
que hagamos
buen arte”).
Preguntado
en varias
ocasiones
y por diferentes
participantes
en el debate
sobre la
cuestión,
Harman sólo
admitió que “tal
vez eso les
hiciera ser
políticamente
correctos”.
Y, por fin,
contestó a
lo que todo
el auditorio
deseaba oír: “nosotros
[los artistas]
adecuamos
nuestras
creaciones
a las demandas
curriculares
del
sistema educativo,
pero podemos
y debemos
subvertir
esa intención
política
y utilizar
esas directrices
para hacer
buen
teatro”
Tampoco
es ajena
a la
realidad
británica
la oferta
a los centros
educativos
de propuestas
que
no cumplen
los requisitos
mínimos
de rigor
artístico.
Harman
informó de
que hay
varias
compañías
comerciales,
que trabajan
con hasta
veinte
equipos
artísticos
y técnicos
diferentes
para representar
la misma
obras por
otros tantos
centros
educativos.
Como era
previsible ése
fue uno
de los
puntos
que más
intervenciones
provocó.
Resulta
demasiado
conocida
en España
la intromisión
en el llamado ‘mercado
escolar’ de
empresas
extrateatrales
que no
sólo
realizan
competencia
desleal,
sino que
en muchas
ocasiones ‘queman’ espectadores:
un niño
que no
va al teatro
puede que
algún
día
sienta
curiosidad;
pero el
que asiste
y
se siente
menospreciado
desde el
escenario,
es
difícil
que, bajo
su elección,
vuelva
a ir.
Sin
embargo,
la consecuencia
de
tal despropósito
en el
Reino
Unido
es bien
distinta.
La escuela
que ha
sufrido
una mala
experiencia
se muestra
más
reticente
y le
cuesta
abrirse
a otras
propuestas
teatrales.
Los profesores
se interesan
más,
a partir
de ese
momento,
por el
montaje
que se
les ofrece
y buscan
referencias
sobre
el mismo.
Consecuencia
lógica
y loable,
que se
asienta
sobre
la demanda
tan ansiada
en España,
de la
formación
de los
que intervienen
como
mediadores
en el
TPPIJ
(profesores,
maestros
y familias).
El
tema
de
la inmersión
en el
sistema
educativo
provocó la
intervención
de Gabriel
Ferraboschi,
exdirector
del italiano
Teatro
della
Bricciole.
Hizo
un repaso
por las últimas
décadas
del teatro
británico
para
recordar
que ha
pasado
de acentuar
lo estrictamente
educativo
para
crecer
en lo
artístico.
Ferraboschi
puso
sobre
el tapete
una polémica
en torno
a la
actividad
del ‘agente
de ventas’ (en
España,
distribuidores).
En su
opinión,
la mediación
de esta
figura
en el
TPPIJ
impide
a los
artistas
conocer
las condiciones
en las
que van
a representar
y algunas
características
del público
para
el que
van a
actuar;
lo que
desfavorece
el proceso
de comunicación
entre
artistas
y espectadores.
‘Maldito parné’.
Sin
embargo esa falta de reconocimiento social a la
que aludía Harman y que resulta, desgraciadamente,
tan
similar a la que ocurre en España, no
se
traduce necesariamente en la cuantía de
las
ayudas. Valga un botón como muestra: la
veterana
compañía de Harman cuenta
con
un presupuesto anual de 450 mil euros; de los
cuales,
200 mil provienen de las subvenciones. El resto
de ingresos resulta de la recaudación
por
taquilla. Cada alumno paga una entrada de entre
una
y dos libras esterlinas (entre 1,5 y 3 euros).
Por
cada representación escolar se cobra un
caché aproximado
de
185
libras
esterlinas
(278
euros),
un
tercio
del
coste
real;
los
dos
tercios
restantes
son
satisfechos
por
la
subvención.
Monta
tres obras
por año, los períodos
de ensayo son cortos (entre 3 y 5 semanas) y
realiza unas 250 representaciones. Más
cifras: un actor cobra unas
100 libras diarias
(150 euros) y, si es contratado
por semanas, 320 libras
(480 euros).
ASSITEJ.
En
cuanto a
la vida
asociativa, ASSITEJ
en el
Reino Unido
agrupa a
más de un centenar de socios
entre compañías (80), festivales
y centros de arte, artistas a título
individual (una veintena) y programadores
(en torno a la veintena).
La asociación como tal no recibe
subvención
estatal, pero sí ayudas
para actividades coyunturales.
Además,
existe una asociación con
finalidad exclusivamente gestora
(ITC), a la que pertenecen
300 compañías
(200, de TPPIJ) y que ofrece
servicios
legales, crea códigos
de conducta y negocia con los
sindicatos gremiales las
condiciones de trabajo y los
salarios.
La
creación artística.
Donde
la actividad
asociativa ‘hace aguas’ es
en el intercambio artístico.
Hay poca relación
entre los artistas
para
poner en común
procesos
creativos. Desde el pasado
año, ASSITEJ Gran
Bretaña favorece
(iniciativa que ha encontrado
magnífica
acogida) el intercambio
regular
y las colaboraciones
con compañías
de otros países.
En
su intervención
anterior, Gabriel
Ferraboschi había
señalado
que ese intercambio
artístico
había
sido fundamental
para
el desarrollo
del TPPIJ británico.
Harman
explicó que
si bien en
su país
se estimula
la escritura
teatral de
autores jóvenes
como fórmula
de elevar
el nivel de las
propuestas
(“y
es una buena
fórmula”);
su experiencia
le permite
afirmar que
también
se obtienen
buenos resultados
con el acercamiento
a creaciones
de otras
partes
del mundo.
Ese
proceso
de
apertura
hacia
el exterior
desemboca
en
una forma
de trabajo
de las
nuevas generaciones
de artistas
que ‘fusiona’ disciplinas
escénicas
diversas
(teatro
de objetos,
danza,
interpretación
actoral,
teatro
de movimiento...),
hasta
ahora muy
compartimentadas
en la escena
británica.
En
cuanto
a
las temáticas,
son
de naturaleza
diversa:
desde
historias
clásicas
hasta
temas
de actualidad
y muchas
relacionadas,
como
ya se
ha
dicho,
con
las
demandas
curriculares
del
sistema
educativo.
También
se abordan
temas
de interés
social
actual
como
la
inmigración,
las
relaciones
familiares
o los
nuevos
modelos
de familia,
por
citar
sólo
unos
pocos
ejemplos.
La
dramaturgia
actual
se
encuentra
en
un
momento
dulce,
ya
que
la
política
de
estímulo
para
la
autoría
favorece
la
escritura
teatral
para
niños.
Respecto
a la
separación
por abanico
de edad
de los
espectadores, se
respeta la
división
del sistema
educativo: de
2 a
4 años
(educación
preescolar); de
5 a
7, primer
ciclo de
Primaria;
de 8
a 11,
segundo ciclo
de Primaria;
de 12
a 14,
primer ciclo
de Secundaria
y, a
partir de
15 años,
segundo ciclo
de Secundaria.
Para
abordar
el
teatro para
las primeras
edades
intervino,
Jo Belloli,
coordinadora
del
programa
para
los más
pequeños del Polka Theater, una de
las pocas formaciones británicas
que cuenta con sala propia. Expuso que
en el Reino Unido se ha desarrollado
el teatro para público de tres
a seis años
en las últimas dos décadas.
Ella entró en
contacto en los años 90 con
artistas que en Francia acometían
el teatro para bebés
(a partir de 6 meses), lo que le
abrió hacia
un trabajo artístico
hasta entonces desconocido.
En
la actualidad,
en el
Reino Unido
se destinan
fondos estatales
para atender
a colectivos
desfavorecidos. El
programa Inicio
Seguro ha
permitido a
ciertos artistas
desarrollar sus
propuestas teatrales.
Aunque es
muy consciente
de que
los objetivos
del programa
podían partir de una intención
dirigista, también se
ha visto que la “potencialidad
creativa cuando se trabaja
para
estas edades es enorme” y
su filosofía ha sido
la de aprovechar esa política
de ayudas sociales para mostrar
y divulgar los mejores trabajos
de creación.
Jo
Belloli
cerró su intervención
con una frase que resume con
precisión su idea
de lo que es el teatro para
los bebés: “en
definitiva, sabemos que en
ese teatro no hay más
objetivos que la experiencia
grata para artista y espectador
de conectar en el hecho teatral”. A
modo
de
epílogo.
‘
Mirar’ hacia el TPPIJ del Reino Unido requiere
detenimiento. Es una realidad muy singular. Su inmersión
en el sistema educativo y su dependencia casi total
de éste influye en la envergadura de las
producciones y en las temáticas. Es la herencia
dejada por décadas del programa TIE (Teatro
en la Educación) que se desarrolló hasta
los años 80. Pero, aunque en nuestro país
predomine la idea de que el teatro al servicio
de la educación puede perder su capacidad
de subvertir la realidad para convertirse en una
herramienta
normativa; al parecer la experiencia británica
muestra que puede hacerse de otro modo. Desde
luego, tuvimos ocasión de comprobarlo
los que asistimos al Young Hamlet, de CTC. El
montaje es teatro puro,
no una clase sobre Shakespeare ni un ‘intento
de aproximar a los jóvenes estudiantes
a la dramaturgia del autor inglés”,
formulación
tan utilizada en nuestro país por los
empresarios que pretenden ‘colar’ sus
productos divulgativos en las campañas
escolares.
En
la actualidad
en Gran
Bretaña, el intercambio
con artistas foráneos ha abierto
nuevas vías
a la creación, que también
se adentra en las propuestas para bebés.
Es
difícil conocer con exactitud
la cuantía
de las ayudas a los grupos teatrales,
pero parece claro
que muchas de ellas no salen
de los presupuestos
culturales, sino de otras partidas
destinadas a fines sociales,
que algunos artistas
aprovechan para realizar propuestas
de calidad.
La
escasez de
salas específicas y los
mínimos
equipos estables (casi todas
las
compañías
contratan personal ad hoc)
dificultan
el mantenimiento de un repertorio.
Sin
embargo, en
la actualidad
no sólo sobreviven
cinco festivales (Takeoff,
en Darlington; Children’s
Festival de Edimburgo;
The
Catch, en Londres; Young
at Art, en Belfast y Opening
Doors, en Gales) sino
que este años
se han incorporado dos
nuevos:
Spark, en Leicestershire
y
Ciao!.
Ojalá les
espere una larga vida
a todos. Siempre es una buena
noticia el comienzo de
un certamen nuevo,
por muchos motivos pero
uno fundamental en esta época
de interculturalismo
y
fusión: los festivales
son también
un factor de apertura,
que
contribuye a enriquecer
las propuestas artísticas.
Como
enriquece
el
conocimiento
de
otras
realidades
teatrales
que
ocurren
más allá de
nuestras fronteras.
Objetivo, al fin, de
la iniciativa Te
Veo cuando plantea
mirar a distintos países.
En esta ocasión,
al Reino Unido; hoy,
tras las jornadas
de Zamora, tal vez
más
cerca.
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